Escritora SYLVIE CHEDEVILLE

Nacida en París en 1950, llegó a la Argentina a los tres años. El l5 de Mayo de 1978  se radicó en Santa Clara  del Mar.
Escribe cuentos y poesía, pero su tarea predominante es en prosa.
El cuento que aquí presentamos , “Historia de tres paisanos”, obtuvo Mención de Honor en el concurso Junín País 2010, y  el mismo será publicado con otros  cuentos en una antología  surgida de los escritores de dicho certamen.

Historia de tres paisanos

Don  Cayetano iba rumbo al pueblo en su carro, acompañado por sus dos perros, el legaña y el malevo.
Uno era cruza  con galgo y el otro puro perro criollo, fuerte, morrudo y rabón. Trotaban  al  costado del carro apartándose solamente para correr algún cuzco, u olfatear el rastro de un bicho de esos que andan por el  campo, y que su dueño llevaba con gusto a la parrilla.
Don Cayetano , que había tomado unos cuantos tragos de ginebra antes de salir del rancho, iba por más al boliche del tuerto Venancio canturreando unas coplas que pondrían colorado a un presidiario.
Así entonado  ató el carro al palenque y entró al boliche, piso de tierra,  mostrador de madera, ladrillo y barro.
-Guenas pa todos menos pa uno, dijo.
-¿Qué tiene que decir, cara de lumbrí?, contestó el Aníbal
-Y vos, ¿Qué te das por aludido?, yo saludaba a la paisanada  nomás, dijo, escupiendo hacia un costado.
Se acodó al mostrador y dijo: -Ginebra pa calentar el garguero , don.
El Aníbal en la otra punta, refunfuñaba. Dos años hacía que se había llevado a la Ramona del rancho de Cayetano , y la mujer cambió de cueva , pero no de mañas.
Era una linda morocha pero con un genio de los mil demonios y , aunque no quería dar el brazo a torcer y reconocer  su error, el Aníbal la soportaba y ahogaba sus penas en el boliche.
-¿Cómo  está la patrona, Venancio? Preguntó Cayetano mirando de reojo al Aníbal.
-Hace tres años que está finada, contestó el hombre de mal humor.
-Uy, disculpe la mala memoria. La falta de hembra me está jodiendo la sesera
-Vaya y búsquese una por ay, musitó el Aníbal.
Eso estaba esperando Cayetano para saltarle encima empuñando el cuchillo.
El Aníbal también peló el facón y se dispusieron a la riña.
Como dos gallos ciegos saltaban los contendientes, y a cada salto su estabilidad corría peligro debido a la ginebra.  Se agazapaban con los brazos como alas replegadas. Parecían dos arañas saltarinas , o dos sapos fieros por el peso de los cuerpos al c aer al suelo.
Se gastaron en amagues, levantando polvareda, unos 15 minutos, cuando al medio saltó Venancio, increpándolos.
-Paren la mano paisanos, que a la Ramona la quiero yo  y no se hable  más  del asunto.
Los dos compadres se pusieron en guardia movidos  por un resorte, codo a codo, desafiantes. Pero lo que les quedaba de cordura les indicó que esa era la mejor solución para todos.
Don Cayetano limpiaba su honor , pues la paisana no quedaba en manos del usurpador, y el Aníbal  por su lado se sacaba de encima a esa potra que no había podido domar, sin pasar la vergüenza de devolverla a su dueño.
-Yo no tengo ojeción, pero eso le va a costar unas cuantas ginebritas don, dijo  Cayetano.
-Bien dicho , paisano , la moza tiene su precio, y si no yo no la suelto, replicó el Aníbal.
Venancio contento con el arreglo palmeaba a los dos paisanos. Así conseguía sangre joven para ayudarlo en la pulpería  y de paso hembra para los momentos  de añoranza.
¿Y la Ramona?
La Ramona estaría choca de cambiar hambre por negocio bien puesto y pa colmo Venancio como bolichero no chupaba, así que se salvaba de las zurras que le habían propinado los dos  compadres cuando ella se encabritaba.